Encuentro 03: Dios mi salvador, Jesucristo


1. ¿Por qué necesito salvación?

Necesitamos salvación porque todos los seres humanos nacemos con el pecado original, que nos separa de Dios y nos impide alcanzar por nuestras propias fuerzas la comunión plena con Él. El pecado daña nuestra libertad, oscurece nuestra inteligencia y nos aleja de la vida verdadera. Solo Dios puede liberarnos de esta condición y restaurar nuestra dignidad como hijos suyos.

  • Catecismo: 

    • 396–400: el pecado original de Adán y Eva, su desobediencia y las consecuencias para toda la humanidad: pérdida de la gracia, ruptura con Dios, desorden interior, muerte, y sufrimiento.

    • 402–405: la transmisión del pecado original a toda la humanidad. Cómo todos nacemos con una naturaleza caída, lo cual nos hace necesitar redención.

    • 407: La lucha del hombre contra el mal y la influencia del diablo, y reafirma la necesidad de la gracia de Dios.

  • Biblia: Romanos 3,23; Salmo 51,7; Juan 8,34

  • “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Rom 3,23)


2. ¿Qué es la salvación?

La salvación es: Ser liberados del pecado (CIC 457). Ser reconciliados con Dios (CIC 613–617). Ser hechos hijos adoptivos de Dios y participar de la vida divina (CIC 654, 1996). Comenzar una vida nueva en Cristo desde esta vida, no solo después de la muerte (CIC 1987–1995).


  • Catecismo:

    • CIC 457: El Hijo de Dios se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios al liberarnos del pecado.

    • CIC 613–617: Jesús ofreció libremente su vida como sacrificio único en la cruz para redimirnos del pecado y reconciliarnos definitivamente con el Padre.

    • CIC 654: La resurrección de Cristo nos da una vida nueva como hijos de Dios, renovando nuestra dignidad y haciéndonos partícipes de la gracia.

    • CIC 1996: La gracia es un don gratuito de Dios que nos introduce en la intimidad de su vida trinitaria.

    • CIC 1987–1995: La justificación es la acción del Espíritu Santo que nos purifica del pecado, nos da una vida nueva en Cristo y nos capacita para obrar como hijos de Dios.

  • Biblia: Efesios 2,4–5; Tito 3,5–7; Juan 17,3

  • “Dios, rico en misericordia, nos dio vida con Cristo” (Ef 2,4–5)


3. ¿Por qué Jesucristo es llamado nuestro Salvador?

Jesucristo es llamado nuestro Salvador porque Él fue enviado por el Padre para rescatar a la humanidad del pecado y de la muerte eterna. Con su vida, muerte y resurrección, venció el mal, nos trajo el perdón y nos abrió el camino hacia la comunión eterna con Dios. Su nombre mismo, “Jesús”, significa “Dios salva”.

Cristo es nuestro Salvador, nos redime, salda la deuda del pecado que el ser humano no podía pagar por sí mismo.

  • Catecismo:

    • CIC 613: “La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que realiza la redención definitiva de los hombres por medio del Cordero que quita el pecado del mundo (Jn 1,29)...”

    • CIC 430–432: El nombre "Jesús" significa "Dios salva" y expresa su identidad y misión como Salvador enviado por el Padre para liberar a la humanidad del pecado.

    • CIC 517: Toda la vida de Cristo —sus palabras, obras, silencios, sufrimientos y gestos— es parte de la redención y nos comunica la salvación.

    • CIC 605: Jesús dio su vida por todos, incluso por los pecadores más alejados, mostrando que el amor de Dios no excluye a nadie.

  • Biblia: Mateo 1,21; Juan 3,16–17; Hechos 4,12

  • "Al día siguiente ve Jesús venir hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.’"— Juan 1,29 (BJ)


4. ¿Qué significa que Jesucristo murió por nuestros pecados?

Significa que Jesús, siendo inocente, asumió sobre sí mismo el peso de nuestros pecados y ofreció su vida como sacrificio redentor por toda la humanidad. Su muerte fue una entrega de amor total que borró nuestras culpas y nos reconcilió con el Padre. Por su sangre hemos sido justificados.

  • Catecismo: 

    • CIC 601–605: Jesucristo, en obediencia al plan de amor del Padre, entregó su vida por todos, cargando con nuestros pecados, y revelando que Dios ama a cada persona sin excluir a nadie.

    • CIC 613–617: El sacrificio único y voluntario de Cristo en la cruz nos ha reconciliado con Dios, obteniendo el perdón de los pecados y realizando de forma plena y definitiva nuestra redención.

  • Biblia: Isaías 53,4–6; 2 Corintios 5,21; 1 Pedro 2,24

  • “Él llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz” (1 Pe 2,24)


5. ¿Por qué era necesario que Dios se hiciera hombre para salvarnos?

El hombre había pecado y debía reparación: El ser humano, al pecar, rompió su relación con Dios y contrajo una deuda espiritual que no podía saldar por sí solo (ver CIC 615).

Solo Dios podía redimirnos: Ninguna criatura, por santa que fuera, podía reparar el pecado original ni restaurar la comunión con Dios de forma plena.

Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre: Al hacerse hombre, Cristo pudo ofrecer libremente su vida por nosotros (CIC 606–609). Su sacrificio tiene valor infinito porque es Dios, y representa verdaderamente a la humanidad porque es hombre.


  • Catecismo: 

    • CIC 456–460: El Hijo de Dios se encarnó para salvarnos, revelarnos el amor del Padre, mostrarnos el camino de santidad, y hacernos partícipes de la naturaleza divina.

    • CIC 480: Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, posee un alma humana y un cuerpo verdadero, y en su humanidad expresa plenamente la divinidad.

  • Biblia: Juan 1,14; Hebreos 2,14–17; 1 Timoteo 2,5

  • “Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús, que se entregó como rescate por todos.” — 1 Timoteo 2,5-6


6. ¿Cómo aceptar la salvación?

Aceptamos la salvación por medio de la fe en Jesucristo, la conversión del corazón y la recepción del bautismo. Esta aceptación no es un hecho único, sino un camino continuo de vida en gracia, alimentado por los sacramentos, la oración y la práctica del amor cristiano. Entre estos sacramentos, la Eucaristía ocupa un lugar central, porque en ella recibimos al mismo Cristo que se entrega por nuestra salvación. Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6,54), por eso, recibir la Eucaristía con fe y disposición es esencial para permanecer en Él y tener la vida que Él promete. Dios ofrece la salvación a todos, pero respeta nuestra libertad para acogerla y vivirla día a día.

  • Catecismo:

    • CIC 1427–1429: La conversión es una transformación interior por la cual, movidos por la gracia, nos alejamos del pecado y nos volvemos a Dios con un corazón nuevo, comenzando una vida de fe y seguimiento de Cristo.

    • CIC 1814: La fe es la virtud teologal por la cual creemos en Dios y en todo lo que Él ha revelado, confiando plenamente en Él y esforzándonos por vivir conforme a su voluntad.

    • CIC 1987–1995: La justificación es la obra más excelente de la gracia del Espíritu Santo, que nos purifica del pecado, nos hace hijos de Dios, y nos concede una vida nueva en Cristo.

    • CIC 1391–1395 – La Eucaristía conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo.

    • CIC 1405 – “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”.

  • Biblia: Marcos 1,15; Hechos 2,38; Romanos 10,9–10

  • “Conviértanse y bautícense… para que sus pecados sean perdonados” (Hech 2,38)


7. ¿Puedo perder la salvación?

Sí, podemos perder la salvación si, por nuestra libre voluntad, rechazamos la gracia de Dios y caemos en pecado mortal sin arrepentirnos. Aunque Dios nunca deja de ofrecernos su misericordia, somos nosotros quienes, por el pecado, nos apartamos de la vida divina. Por eso es necesaria una vida de vigilancia espiritual, conversión y recurrir al sacramento de la reconciliación.

  • Catecismo: 

    • CIC 1033–1037: El infierno es la consecuencia de rechazar libremente a Dios y su amor, pero Dios no predestina a nadie a la condenación, sino que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

    • CIC 1855–1861: El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre cuando se comete con plena conciencia, libertad y materia grave, mientras que el pecado venial debilita la caridad pero no la rompe.

    • CIC 1446: Cristo instituyó el sacramento de la Reconciliación para que los bautizados que han caído en pecado grave puedan ser perdonados y reconciliados con Dios y la Iglesia cuantas veces lo necesiten.

  • Biblia: Juan 15,6; Hebreos 10,26–27; Mateo 7,21

  • “No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos” (Mt 7,21)


8. ¿Qué nos ofrece Jesús como Salvador?

Jesús nos ofrece la reconciliación con Dios, el perdón de los pecados, la adopción como hijos del Padre, la gracia para vivir como Él nos enseñó, y la promesa de la vida eterna. Su salvación transforma nuestro presente y nos da una esperanza firme, incluso en medio del sufrimiento y la muerte.

  • Catecismo: 

    • CIC 654: La resurrección de Cristo nos da una vida nueva como hijos adoptivos de Dios, restaurando nuestra dignidad y haciéndonos partícipes de la gracia santificante.

    • CIC 1996–2000: La gracia es un don gratuito de Dios que nos introduce en su vida trinitaria, nos justifica, nos santifica y nos ayuda a obrar según su voluntad para alcanzar la vida eterna.

    • CIC 1709: El cristiano, transformado por la gracia, camina hacia la perfección de la caridad y la libertad plena como hijo de Dios.

  • Biblia: Juan 10,10; Romanos 6,22–23; Efesios 1,7

  • “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10)

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